miércoles 20 de enero de 2010

UNA ISLA: UN TERREMOTO

El terremoto material ocurrió en nuestra isla, circunstancialmente en el país vecino. Los hermanos haitianos sufrieron el terremoto material, nosotros estamos viviendo el terremoto moral. Haití con el dolor de perderlo todo, nosotros con la esperanza de reinventarnos en la solidaridad y la compasión.

Haití es un sentimiento, una aspiración, un recuerdo, una cultura, un alma terrenal, una tragedia colectiva. Una dignidad. El haitiano es una persona digna, porque su único pacto ha sido con la libertad.

Como estado-nación hace tiempo que iba en disolución. Hoy ha colapsado. Ya basta de hipocresías, de falta de imaginación, de pretender comprender la realidad con los mismos moldes del pasado. El pueblo haitiano tiene su propia historia. Para enfrentar constructivamente el tema haitiano, debemos empezar nosotros mismos en dejar de descalificarnos mutuamente de racistas, nacionalistas, apátridas o cualquier otro calificativo que sólo nos conduce a olvidarnos que Haití es un problema internacional. Es un reto de la raza humana. Es inmoral que un pueblo viva en esas condiciones en pleno siglo XXI.

En términos estrictamente científicos, desde el punto de vista del Pensamiento Sistémico, Haití es el resultado de su relación con el mundo, tanto de sus ancestros individuales y colectivos. En consecuencia es un resultado global, como global es la responsabilidad de cambiarlo. Se trata de transformar las redes de relación y los patrones de conectividad que lo vincula a un gran sistema de interconexiones, el mundo. Tomar consciencia de cuáles nódulos es preciso intervenir para transformarse como nación que conviva en un sistema justo y armonioso.

Ya basta de caminar por el mundo con arrogancia moral repitiendo los mismos discursos y los mismos enjuiciamientos. Es urgente cambiar la mirada que tenemos del mundo, para poder cambiarlo. Y para ello lo primero es cambiar al propio sujeto que mira ese mundo. Ya basta de acusaciones, prejuicios y resentimientos que sólo expresan nuestros más íntimos dolores no necesariamente nuestras íntimas convicciones. Es fácil pararse en la crítica, el reto es pararnos en la solución, y ésta no viene a pesar del otro, sino con el otro. Es con el empresariado que se renueva, es con el sacerdote y el pastor de la frontera, es con los Jesuitas, con los nacionalistas, con los europeos, con los norteamericanos, y sobre todo es con los propios haitianos. En esencia es con el liderazgo colectivo, responsable y comprometido con el ser humano.

Por ello tengamos cuidado con lo que comunicamos. Los seres humanos vivimos en el lenguaje y éste no sólo describe o expresa el mundo exterior, sino que es generativo: crea realidades y modela nuestra identidad, nuestro futuro y el mundo en que vivimos. El lenguaje es acción y hace que sucedan las cosas. Gracias al lenguaje nos creamos a nosotros mismos, partiendo del principio de que "la vida es el espacio en que los seres se crean a sí mismos" y que el ser humano no es una forma determinada ni permanente de ser sino es un espacio de posibilidades hacia su propia creación. Nadie está separado de su relato.

Como dijo el propio Senador Robert F. Kennedy el 6 de Junio de 1966 "es a través de incontables actos de valor y creencias, que la historia humana ha adquirido forma. Cada vez que un hombre va detrás de un ideal, o actúa de tal manera que mejore la suerte de los demás, o que lucha contra la injusticia crea una pequeñísima onda de esperanza y... esas ondas pueden barrer las más poderosas paredes de la represión y la resistencia... vivimos tiempos interesantes donde todos finalmente seremos juzgados y cada cual se juzgará a si mismo, en los esfuerzos que ha hecho por construir una nueva sociedad para el mundo..."

Haití es nuestro espejo. Allá el terremoto fue material, pura entropía; Aquí, moral. Si no somos responsables por nosotros mismos, por nuestro país, por nuestra isla, por una relación constructiva de dos naciones que comparten un mismo territorio, por una relación dominico-haitiana solidaria y de ganancia mutua, la entropía moral degenerará en entropía material para toda la isla.

Nelson Espinal Báez, Associate MIT-Harvard Public Disputes Program, Universidad de Harvard.